Marta G. Franco

Habitante de internet desde 1999. Pasó por Indymedia, varios hackmeetings y hacklabs en centros sociales okupados y un intento de red social libre llamada Lorea/N-1. Vivió intensamente el 15M, coordinó la sección de tecnología del periódico Diagonal y fue mediadora en el centro de cultura digital Medialab- Prado. El ciclo municipalista la llevó a encargarse de las redes sociales del Ayuntamiento de Madrid y a la comunicación política. Últimamente, sigue intentando que internet siga siendo un lugar habitable y trabaja con organizaciones sociales, casi siempre con el colectivo de investigación y estrategia digital Laintersección.

ISBN
978-84-19490-26-1
Año de publicación
2024
Páginas
192
Idioma de la publicación
Castellano
Imagen de cubierta
Diseño gráfico
Rosa Llop

Hemeroteca

El Confidencial

C. Otto

Discursos de odio, 'fake news', IAs, algoritmos manipulados... 'Las redes son nuestras' pretender recuperar un terreno que parece perdido. Hablamos con su autora
 

elDiario.es

Carlos del Castillo

Hace mucho que la situación de Internet solo nos da disgustos. Redes sociales que tratan a sus usuarios como mercancía, algoritmos que hacen caja con el odio, plataformas que no ven personas sino perfiles publicitarios. Redes que se usan para concebir iniciativas políticas de ultraderecha, que construyen entornos digitales inhóspitos, espacios comunes privatizados donde no rigen los derechos y libertades sino los términos y condiciones.

CCCB Lab

CCCB Lab

Un repaso a la historia de la red, de sus potencialidades a sus caídas, con la mirada puesta en los nuevos caminos a recorrer.
 

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Las redes son nuestras

Epílogo
Imagen de cubierta
21,50 €
«Un libro necesario en tiempos de tecnofobia moralista e interesada. El espacio común de Internet, que nació generosamente libre, ha sido ocupado por unicornios monstruosos bajo la mirada cómplice del statu quo. Ha llegado el momento de recuperar lo que es de todxs. Alguien tenía que decirlo». —Simona Levi

Internet era nuestra. Nos la robaron entre quienes viven de extraer nuestros datos personales y quienes necesitan que se extienda el odio, pero antes todo ese espacio era nuestro. También nos robaron internet cuando privatizaron las redes que habían sido desarrolladas en centros de investigación públicos para dárselas a un puñado de empresas. O cuando se apropiaron de todo lo que millones de personas estaban haciendo en línea para empaquetarlo en un modelo de negocio que llamaron Web 2.0. Nos han contado internet como un ejemplo de éxito empresarial para que nos olvidemos del papel de los hacklabs, de la financiación pública, de streamers gastando zapatilla en las calles, de señoras enviando memes a grupos de WhatsApp, de activistas que conspiran, de riders en huelga... de millones de protagonistas que no suelen aparecer en los relatos y que son parte fundamental del desarrollo de las tecnologías digitales.

Repasar esta historia de victorias —porque si perdimos tantas veces es porque un rato antes íbamos ganando— no es un ejercicio de nostalgia impotente, es una herramienta para recordar que se puede ganar. Que internet puede ser un territorio donde aprender, colaborar y avanzar hacia algo que se parezca un poco más al mundo en el que queremos vivir. Que podemos pensar una IA feminista y decolonial más sostenible, abierta y democrática. Este libro es memoria histórica de internet y también es una recopilación de herramientas para pasar a la acción, imaginar otras redes y construirlas juntes. De ahí que termine con un epílogo en el que la escritora Lola Robles adopta el formato de relato especulativo para comenzar a imaginar utopías digitales compartidas.

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