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Pleibak, a través de la narración de Jone, transmite cierta animalidad. Una chica que dice cosas como “cuántas ancestras mías habrán esquivado la muerte saliendo a toda hostia de una cueva de lobos para que yo tenga el sentido de la huida tan desarrollado”.
Es verdad que el texto late rápido y fuerte. Supongo que será porque, según iba haciendo memoria sobre las vivencias y la época que quería retratar, era mi pulso el que se aceleraba, y, con el pulso, la escritura. La mayoría de relatos sobre infancia, adolescencia y primera juventud que leí mientras escribía, como Panza de burro, Otaberra o Yo no sé de otras cosas, compartían ese latido nervioso y también quise captarlo de alguna manera.
nanana (RNE)
Los momentos de cambio tienen ese algo efímero: son irrepetibles. Por eso la adolescencia es un campo fértil para la ficción. Un terreno en el que recrearse en aquello que ya no vas a volver a experimentar. Ese género lleva una etiqueta: coming-of-age. Hasta hace unos años, estaba dominado por arquetipos masculinos, pero hace tiempo figuras como la de Holden Cauldfield, de El Guardían entre el Centeno, ya tienen relevo. En este Punto de Encuentro hablamos con Miren Amuriza, autora de la novela Pleibak, y con Aida González Rossi, autora de la novela Leche Condensada sobre la amistad entre chicas en la adolescencia.